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"DIETA,
OBESIDAD Y ASMA"
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Dr. Antonio Parra Arrondo
Alergólogo
Hospital Juán Canalejo. La Coruña.
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1. LA DIETA COMO FACTOR DE RIESGO
PARA EL DESARROLLO DE LA ATOPIA Y EL ASMA.
El gran aumento de la prevalencia de las enfermedades
alérgicas se ha relacionado con factores ambientales
o con una mayor susceptibilidad por parte de la población
más que a un problema genético. Una de las hipótesis
que se barajan para explicar el fenómeno es la posibilidad
de que la dieta influya en estos cambios, basándose
en la observación de que este aumento de la prevalencia
va paralelo a una disminución de la ingesta de verduras
y patatas, así como de grasas saturadas y una elevación
en la ingesta de grasas poli-insaturadas y aceite
vegetal (1, 2).
ANTIOXIDANTES Y ASMA.
Se especula con que la baja ingesta de antioxidantes
(Vit C, Vit E, Vit A, Frutas y Selenio) se asocia
a peores valores de función respiratoria y a una mayor
prevalencia de asma en distintos trabajos observacionales…
sin embargo los estudios de intervención (introducción
de estos alimentos en la dieta) han dado resultados
nulos, inconsistentes o con un significado clínico
muy dudoso.
LÍPIDOS Y ASMA.
Respecto a la ingesta de lípidos, varios estudios
han descrito una asociación positiva entre una dieta
rica en pesado (rica en ácidos grasos poli-insaturados
omega-3) y una menor prevalencia de asma y enfermedad
atópica, especialmente en niños (no tanto en adultos).
También se ha especulado con que un exceso de ingesta
de ácidos omega-6 (linoléico), presente en la margarina,
leche o en determinados aceites vegetales, se asocia
a mayor sensibilización y enfermedad alérgica. Sin
embargo una posible explicación fisiopatológica de
esta asociación no es fácil, dado que el metabolismo
de estos ácidos grasos esenciales es complejo, y nuevamente
los estudios de intervención aumentando la ingesta
de n-3 ácidos grasos poli-insaturados (que contrarrestarían
los anteriores) tampoco han demostrado eficacia.
Estas discrepancias entre los estudios observacionales
y los estudios de intervención (ensayos clínicos bien
diseñados) pueden ser explicadas por varios mecanismos:
Que
los estudios con nutrientes administrados de forma
aislada no son concluyentes porque su efecto quizá
sea en conjunto con otros nutrientes. Es probable
que sea la comida, más que los nutrientes aislados,
la materia que debería ser estudiada.
El
suplemento en la dieta de estas sustancias solo sería
efectivo cuando existe déficit de las mismas.
Que
esta asociación negativa sea una consecuencia de otro
déficit de nutrientes, o de otros factores confundidores
asociados como pueden ser nivel socioeconómico, estilo
de vida o ambos.
También
puede que el papel de los antioxidantes sea relevante
intra-útero o en los primeros años de vida, por lo
que la intervención en la edad adulta podría no ser
eficaz. Su mecanismo de acción se relacionaría con
una inmunomodulación en el sentido de que, aparte
de la influencia en el desarrollo de la vía aérea,
la falta de estos antioxidantes facilitaría una diferenciación
del sistema inmune hacia la respuesta alérgica (Th2).
Sin embargo esta hipótesis está lejos de ser demostrada.
La utilización de suplementos dietéticos en el manejo
del asma ha sido analizada por la librería Cochrane
que concluye que no se puede recomendar que la
vitamina C tenga una función específica en el tratamiento
del asma (3) y ha desaconsejado
la utilización de ácidos grasos poliinsaturados tipo
omega-3 (ácido eicosapentaenoico y ácido docosahesaenoico)
en el tratamiento habitual del asma (4).
2. OBESIDAD Y ASMA BRONQUIAL.
:
Mención aparte merece la relación entre el sobrepeso
y la obesidad con el asma bronquial. Para analizar
el tema repasaremos inicialmente el efecto del sobrepeso
sobre distintos aspectos de la función respiratoria
y el asma.
Efectos de la obesidad sobre la función respiratoria:
Aumenta
el trabajo respiratorio consecuencia de un aumento
de la masa corporal sin el incremento paralelo de
la capacidad o tamaño del corazón o de los pulmones.
Se incrementa el consumo de oxigeno (O2) y la producción
de dióxido de carbono (CO2) tanto en reposo como en
el ejercicio. Esto implica aumento de la ventilación
por minuto para adquirir más O2 y eliminar el CO2.
Restricción pulmonar como consecuencia del aumento
de peso de la pared abdominal, lo que también aumenta
el trabajo respiratorio, reduce la capacidad residual
funcional y causa el cierre precoz de la vía aérea
y una reducción de la ventilación máxima. También
impide el aumento del volumen corriente que demanda
el ejercicio lo que causa que la frecuencia respiratoria
se eleve y que el volumen corriente se eleve menos
que los no obesos. Esta restricción es máxima cuando
el sujeto está en decúbito supino (acostado).
Reducción de la Capacidad Funcional Residual y del
volumen de cierre de las vías aéreas, lo que se combina
para producir hipoxemia. (Alteración de la relación
ventilación perfusión, con cierre alveolar precoz
ayudado por la disminución del volumen corriente).
La
respiración a bajos volúmenes pulmonares da lugar
a redistribución de la ventilación a zonas pulmonares
superiores mientras que las zonas inferiores del pulmón
están hiper-vascularizadas, causando alteración de
la relación ventilación perfusión e hipoxemia.
Reducción
de la respuesta ventilatoria al O2 y el CO2, dando
lugar a acidosis e hipoxemia. La falta de respuesta
al O2 no parece de una alteración neuronal, sino más
bien a las limitaciones mecánicas asociadas a la obesidad
que se une a la imposibilidad de incrementar la actividad
muscular inspiratoria.
La resistencia vascular pulmonar se eleva como consecuencia
de la "enrolladura" vascular asociada a los bajos
volúmenes pulmonares (y también a la hipoxemia que
tiende a producir Hipertensión pulmonar y COR pulmonare).
Obstrucción
de las vías altas, que da lugar a Síndrome de Apnea
Obstructiva del Sueño (SAOS). Es distinto al asma,
pero en ocasiones se puede confundir con ella.
Síndrome
de Obesidad-Hipoventilación (SOH). Sujetos muy obesos
que presentan hipoxemia y aumento de retención de
CO2: Se produce somnolencia diurna, apneas del sueño,
etc. Estos sujetos puede que no presenten disnea clínica
hasta edad adulta, debido a la menor capacidad de
adaptación al ejercicio. Su disnea es mayor en decúbito
supino. Los síntomas son reversibles cuando se reduce
peso (a veces incluso es necesaria la cirugía). Es
distinto del síndrome del síndrome de Apnea del sueño,
que puede coexistir hasta en un 90% de los sujetos
con SOH.
Obesidad y asma.
Existe un aumento de prevalencia de obesidad que parece
ocurrir de forma paralela a la prevalencia de asma
en los países desarrollados, lo que ha llevado a realizar
diferentes estudios sobre la relación obesidad-asma,
intentando considerar al asma como una enfermedad
asociada a la obesidad (de la misma manera que se
consideran otras como son la artrosis, Hipertensión
arterial, Diabetes Mellitas, etc.).
En ese sentido hay numerosos estudios transversales
que sugieren esta asociación: Tanto en adultos, como
en niños y adolescentes, hay relación positiva entre
el Índice de Masa Corporal (IMC, una medida de obesidad)
y la presencia de sibilancias o asma, y las personas
con asma más grave tienden a ser obesos. Hay relación
entre la gravedad del asma y la obesidad según algunos
trabajos. Parece que esta relación entre sobrepeso
y asma es más marcada en el sexo femenino (5).
Sin embargo, no hay muchos estudios prospectivos
sobre obesidad y asma. En el estudio Nursery Health
Study II (6) se analiza
la incidencia de asma y el IMC en un grupo de enfermeras
a lo largo de cuatro años. Se comprobó que existe
una asociación positiva entre el IMC y esta incidencia,
y la fuerza de la asociación era mayor cuanto más
estricta era la definición del asma. También aumenta
el riesgo cuanto mayor es el aumento de peso de estas
mujeres desde los 18 años. (Aumento de 25 Kg. tiene
4,7 RR de padecer asma). Esta asociación es fuerte,
independiente y positiva. Otros trabajos apuntan en
la misma dirección (7 trabajos de 8 publicados), estimándose
que el riesgo de padecer asma entre personas obesas
aumenta de 1,6 a 3 veces (5).
Esto ha llevado a sugerir que parte de la epidemia
de asma puede ser explicada por el aumento de la obesidad.
Los mecanismos que buscan esta asociación podrían
ser:
Disminución
del calibre de las vías aéreas por la restricción
(la resistencia de la vía aérea es función del radio
a la cuarta potencia, y una pequeña variación del
radio puede dar lugar a una gran alteración de la
resistencia y por lo tanto mayor susceptibilidad a
otras noxas).
La
obesidad puede dar lugar a hiperreactividad bronquial
por esta alteración del calibre de las vías aéreas
(no demostrado).
Que
los obesos hagan menos ejercicio físico.
Que
están más tiempo dentro, expuestos a alérgenos.
Que
tengan mayor riesgo de Reflujo gastro-esofágico.
Alteraciones
hormonales, como puede ser un aumento de estrógenos
en personas obesas (difícilmente demostrable).
En estudios prospectivos de disminución de peso
en personas asmáticas obesas, parece que una disminución
del 14% de peso mejora los síntomas, la utilización
de medicación, el número de exacerbaciones y los parámetros
de función respiratoria (FEV1) (7),
aunque no mejoran la Hiperreactividad bronquial inespecífica
(8).
Todo lo mencionado con anterioridad sugiere que la
obesidad puede ser un factor de riesgo para desarrollar
asma y que en personas asmáticas la obesidad puede
ser un factor de mala evolución de la misma. Sin embargo,
estos datos deben ser interpretados con cautela. Muchos
de los trabajos mencionados antes tienen problemas
metodológicos que se pueden resumir en lo siguiente:
En
muchos de ellos, la definición de asma no es clara,
o se basa en síntomas referidos por los pacientes,
sin datos objetivos de la enfermedad. Esto puede sobreestimar
el número de asmáticos entre los obesos dado que éstos
tienen mayor facilidad de presentar síntomas como
la disnea, tos, etc. Fácilmente confundibles con asma.
Esto podría aumentar el riesgo relativo de asma (sin
padecerlo) entre los obesos hasta 1,5 veces (5).
De otra manera, el asma puede ser sobre-diagnosticada
en personas obesas.
La
causalidad no está definitivamente demostrada. Pueden
existir variables de confusión que influyan en los
resultados de esta investigación como por ejemplo
diferente actividad física entre asmáticos y controles,
la presencia de Reflujo Gastro-Esofágico en obesos,
alteraciones del sueño asociadas a la obesidad… Otras
variables que pueden influir son estatus socio-económico,
tabaquismo, historia familiar de asma, atopia…
El
tipo de dieta en sí también podría ser un factor no
bien analizado, y que podría tener alguna influencia,
según los datos comentados con anterioridad en esta
revisión
Por lo tanto, ¿Es esta relación obesidad-incidencia
de asma causal? No está definitivamente respondida
la pregunta, aunque los datos disponibles sugieren
fuertemente esta asociación. Los resultados de todos
los estudios son muy concordantes y hacen consistente
la asociación.
Teniendo en cuenta todo lo anterior: ¿Es recomendable
que los pacientes asmáticos con sobrepeso adelgacen?
¿Mejoran realmente de su enfermedad? La colaboración
Cochrane ha analizado los estudios publicados sobre
el control calórico de la dieta para el asma bronquial
(9). La mayoría de los
trabajos no reunía los criterios de calidad mínimos
para ser incluidos en un meta-análisis. Únicamente
un estudio de calidad moderada ha podido ser analizado,
en el que se demuestra que una dieta mejora los datos
de función respiratoria, la calidad de vida, los síntomas
de asma y la utilización de fármacos. Sin embargo
hay que confirmar los resultados de este estudio mediante
nuevos trabajos. Se concluye que todavía no se ha
establecido la repercusión de una dieta con control
de calorías sobre los signos y los síntomas de asma
en la población general asmática, pero puede ser
efectiva y aconsejable por razones generales de salud.
Como conclusión final, sea la obesidad un factor
etiológico del asma bronquial, o un factor agravante
de un asma preexistente, hay datos objetivos que demuestran
que una reducción de peso en personas obesas mejora
tanto la sintomatología como los datos objetivos de
función respiratoria, y que un tratamiento integral
del asma también implica reducción de peso en personas
obesas.
BIBLIOGRAFÍA.
(1)
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Ram FSF, Rowe BH, Kaur B. Administración de suplementos
de vitamina C para el asma (Revisión Cochrane traducida).
En: Biblioteca Cochrane Plus 2006 Número 3. Oxford:
Update software Ltd. Disponible en: http://www.update-software.com.
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Thien FCK, Woods R, De Luca S, Abramson MJ. Dietary
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Med 1999; 159: 2582-8.
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Stenius-Aarniala B, Pousa T, Kvamstrom J, Gronlund
EL, Ylikahri M, Mustajoki P. Inmediate and long term
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randomised controlled study. BMJ 2000; 320: 827-32.
(8)
Aaron SD, Ferguson D, Dent R, Chen Y, Vandemheen KL,
Dales RE. Effect of weight reduction on respiratory
functioin and airway reactivity in obese women. Chest
2004; 125: 2046-52.
(9)
Cheng J, Pan Tao, Ye GH, Liu Q. Control calórico de
la dieta para el asma crónica (Revisión Cochrane traducida).
En: La Biblioteca Cochrane Plus 2003 Número 3. Oxford:
Update software Ltd. Disponible en: http://www.update-software.com.
Dr. Antonio Parra Arrondo.
Director Médico de ASGA.
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