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en la organización de las personas con asma bronquial y enfermedades alérgicas

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La Educacion en el Asma

28-03-2009 | Dr. Antonio Parra Arrondo

En general, en las enfermedades crónicas, que suelen implicar cambios en los hábitos de conducta, tratamientos prolongados y limitaciones de uno u otro tipo en la vida diaria, las tasas de cumplimiento de la medicación son muy bajas. El asma, al igual que en la Hipertensión Arterial, la diabetes, etc. No es una excepción. Los datos publicados son muy concluyentes.

Se estima que menos de la mitad de los pacientes con asma cumplen con la medicación correctamente. Es más, no llegan al 35% los que cumplen cuando hay que dar el fármaco tres veces al día. Si a esto sumamos también que falla en la técnica de administración de las dosis (sólo un 36% de los pacientes aplican los aerosoles con técnica correcta), nos explicamos como a pesar de disponer de un arsenal terapéutico mucho mejor y más eficaz, la morbilidad y mortalidad por asma sigue aumentando.

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¿Cuál es la solución al problema?

Es muy difícil dar una respuesta a esa pregunta, pero viendo la experiencia acumulada a lo largo de los años, podemos suponer de donde puede venir la solución:
Se sabe que un 5% de los pacientes gastan cerca del 70% del gasto total, fundamentalmente por hospitalización, atención urgente, muerte prematura, etc. y que de los pacientes que acuden a Urgencias por agudizaciones de asma, la mayoría de las ocasiones el asma está mal controlada desde hace tiempo. Esto refleja que el problema de control de asma reside, fundamentalmente, en la educación de los pacientes. No se puede tratar una enfermedad si no está bien diagnosticada, pero tampoco un buen diagnóstico es suficiente. Sin una correcta educación al paciente, el fracaso en el tratamiento está asegurado. Dicho de otro modo, sin una buena educación, la medicación no vale para nada.

¿Cómo se puede educar a los pacientes?

Por lo comentado con anterioridad, los pacientes que más se beneficiarían de la educación son aquel subgrupo de asmáticos graves, mal controlados, que acuden a urgencias con frecuencia. La experiencia realizada en Nueva Zelanda, un país con una elevadísima tasa de asmáticos, incluso con epidemias de muerte por asma bronquial, es concluyente. Utilizando Clínicas de Atención Continuada específicas para pacientes con asma, donde se sometía a pacientes a protocolos de educación, en colaboración con asociaciones de pacientes, la mortalidad por asma disminuyó sensiblemente. El éxito de esa experiencia reside en varios puntos, pero fundamentalmente en la preparación de personal sanitario en el manejo del asma, en la creación de centros de tratamiento del asma y como consecuencia de lo anterior, en una mayor educación de los pacientes mediante un proceso educativo individualizado y continuado.

Lamentablemente, en el sistema sanitario español, donde la presión asistencial es tan elevada, y donde tan poco tiempo se puede dedicar a cada paciente individual, el conseguir estos objetivos es harto difícil. Experiencias como las de la Unidad de Educación del Servicio de Alergia del Hospital “Juan Canalejo” intentan de alguna manera mitigar estos déficits, y aunque con éxito, no parece suficiente teniendo en cuenta el alto número de personas con asma en nuestra área, y dado que una educación óptima es aquella que es continuada.

Como alternativa están las Asociaciones de Pacientes, que de una forma activa pueden participar en ese proceso educativo, complementando así el trabajo realizado en el sistema de salud. Aunque en los países del sur de Europa, la influencia de éstas es baja, en los países nórdicos, el trabajo de las asociaciones es tan importante, que no sólo los pacientes se benefician de él, sino también los mismísimos profesionales de la salud.

Confiemos en que en un futuro no lejano, las actividades de las asociaciones de pacientes en este sentido sean mayores y realmente efectivas. En eso estamos.