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Alergia al Huevo

28-03-2009 | Dra. Ángeles Rico Díaz

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La alergia al huevo se define como una reacción adversa en relación con la ingestión de huevo producida por un mecanismo inmunológico. Los huevos de aves, entre ellos el huevo de gallina, son una fuente muy importante de proteínas en la nutrición humana y una de las causas más comunes de alergia a alimentos.

La alergia al huevo es la causa más frecuente de alergia alimentaria en los NIÑOS. Aparece en bebés, coincidiendo con la primera ingesta del alimento, entre los 6 y los 12 meses de vida. Muy pocos casos se inician después de los 2 años de edad. Este tipo de alergia puede coexistir con la alergia a las proteínas de la leche de vaca. LA PIEL ES EL ÓRGANO MÁS COMÚNMENTE AFECTADO (urticaria, asociada o no a hinchazón de párpados y labios), seguido por síntomas gastrointestinales agudos (náuseas, vómitos, dolor y distensión abdominal, flatulencia y diarrea). Se ha relacionado con exacerbaciones de dermatitis atópica. En los casos más graves puede producir anafilaxia. Las proteínas de la clara y también las de la yema pueden actuar como aeroalergenos y dar lugar a crisis asmáticas.

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La alergia al huevo en ADULTOS, aunque raramente en niños, puede ir precedida por síntomas respiratorios al contacto con aves, apareciendo posteriormente síntomas con la ingesta de yema y carne de pollo. Es lo que se denomina “SÍNDROME PLUMAS-HUEVO”.

LA REACCIÓN INMUNOLÓGICA MEDIADA POR ANTICUERPOS IGE ES LA MÁS HABITUAL Y LA FORMA MEJOR CONOCIDA DE ALERGIA ALIMENTARIA. Tanto la clara como la yema son capaces de producir sensibilización alérgica, sin embargo es la clara, por su mayor contenido proteico, la que produce un mayor número de reacciones.

SE HAN PODIDO DETERMINAR AL MENOS 24 PROTEÍNAS DIFERENTES EN LA CLARA DE HUEVO. El 54% lo constituye la ovoalbúmina, el 12% la ovotransferrina o conalbúmina, un 11% el ovomucoide, 3,5% la lisozima, 1,5% la ovomucina y el 18% restante se corresponde con otras proteínas peor conocidas. Las proteínas más alergenizantes de la clara son el ovomucoide y la ovoalbúmina. Ambas son parcialmente resistentes al calor y mantienen su capacidad de sensibilización tras 20 minutos de hervor. La diferente resistencia al calor de las distintas proteínas que componen el huevo explicaría porqué unas personas toleran el huevo cocido y no el huevo frito o en tortilla francesa, en los que el tiempo de cocción es menor y por tanto no suficiente para la destrucción de las proteínas termorresistentes.

Entre las PROTEÍNAS DE LA YEMA se encuentran las apovitelinas y la albúmina sérica de pollo que tiene su importancia en los síndromes de alergia a plumas asociado a yema de huevo. Existe reacción cruzada entre proteínas de la clara y de la yema, y entre huevos de diferentes aves (gallina, pato,pavo, gaviota y codorniz). En individuos alérgicos a la clara se observan a menudo SENSIBILIZACIONES A LA CARNE DE POLLO en las pruebas cutáneas, pero con una buena tolerancia a su ingestión, siendo menor del 5% las personas que presentan síntomas importantes.

La HISTORIA CLÍNICA del paciente nos orientará hacia una posible reacción adversa al huevo, las PRUEBAS CUTÁNEAS con extractos comerciales o con el propio huevo natural demostrarán la presencia de anticuerpos específicos contra las diferentes proteínas.

Sin embargo, el DIAGNÓSTICO sólo puede ser verificado mediante una prueba de provocación ingiriendo el huevo y observando si se presentan síntomas o no. Esta prueba debe realizarse bajo estricto control hospitalario.

La CUANTIFICACIÓN DE ANTICUERPOS IGE ESPECÍFICOS EN SANGRE es útil para el diagnóstico aunque sus resultados no son superiores a los obtenidos con las pruebas cutáneas.

En cuanto a la PREVENCIÓN, la exclusión del huevo de la dieta de la madre durante la lactancia y retrasar su introducción en la dieta del niño hasta los dos años, parece reducir la aparición de dermatitis atópica, pero no modifica la aparición de una alergia posterior a este alimento ni la aparición de otras enfermedades alérgicas.

En los lactantes con alergia a las proteínas de la leche de vaca, la prueba cutánea con huevo puede ayudar a identificar a aquellos que, al introducirlo por primera vez en la dieta, van a tener una reacción adversa. En los que presenten una prueba cutánea positiva, se debe realizar una prueba de provocación controlada antes de su introducción en la alimentación.

Existen estudios sobre LA EVOLUCIÓN NATURAL DE LA ALERGIA AL HUEVO. Según éstos, el 24% de los pacientes perdieron la reactividad clínica después de 1-2 años de dieta de exclusión, el 32-44% a los tres años, y el 55% tras 4 años (con una edad media de 6 años) se hicieron tolerantes.

No existe en la actualidad ningún parámetro que nos permita aventurar el momento en que se instaurará la tolerancia, pero hay datos que nos pueden ayudar. La negatividad de las pruebas cutáneas es un buen indicador de tolerancia, aunque pueden persistir positivas en el 50% de los tolerantes. Una disminución de los niveles de anticuerpos específicos en sangre puede resultar útil también.

SE RECOMIENDA LA REALIZACIÓN DE PRUEBAS CUTÁNEAS Y LA DETERMINACIÓN EN SANGRE DE ANTICUERPOS IGE ESPECÍFICOS RENTE A LAS PROTEÍNAS DEL HUEVO CADA UNO O DOS AÑOS. La persistencia de síntomas a los 9 años significaría un mal pronóstico para alcanzar la tolerancia. El único modo de tratar esta alergia se realizando una DIETA DE EXCLUSIÓN del huevo y de los alimentos que lo contienen. Puede encontrarse oculto en otros alimentos o simplemente contaminando los utensilios de cocina, en algunos medicamentos y cosméticos.

Puede encontrarse huevo o alguna de sus proteínas en pastelería, hojaldres con cubierta brillante, pan rallado, pastas, fiambres, pates, embutidos, sucedáneos de huevo, caramelos, quesos, gelatinas, sopas, algunas margarinas, café cremoso, salsas… Las proteínas del huevo pueden aparecer en las ETIQUETAS DE LOS ALIMENTOS como: albúmina, coagulante, emulsificante, globulina, lecitina, livetina, lisozima, ovoalbúmina, ovomucina, ovomucoide, ovovitelina y vitelina.

Como hemos apuntado anteriormente, hay una reacción cruzada entre las proteínas de la clara y la yema y huevos de diversas aves (gallina, pato, pavo, gaviota, codorniz), debiendo evitarse también su ingesta. Algunos complejos vitamínicos o gotas nasales contienen lisozima y algunos anestésicos también contienen derivados del huevo. Hay que tener precaución con las vacunas víricas cultivadas en embrión de pollo ya que pueden contener pequeñas cantidades de proteínas de huevo (triple vírica, gripe, fiebre amarilla). El riesgo de reacción es muy bajo, aunque en pacientes con anafilaxia al huevo puede realizarse una prueba cutánea previa con la vacuna y, si resulta positiva, realizar una administración fraccionada u optar, en el caso de la triple vírica, por un preparado no cultivado en embrión de pollo.De todo esto se deduce que LA EDUCACIÓN DEL PACIENTE ES FUNDAMENTAL PARA EVITAR LA INGESTIÓN ACCIDENTAL DEL ALIMENTO.