Reportajes

Papel de la Vacunas Alérgicas (Inmunoterapia)

Para el tratamiento de la alergia respiratoria, el alergólogo, además de un buen tratamiento con fármacos, que alivien la inflamación alérgica, suele recomendar la iniciación de una vacuna alergénica específica.

La vacuna alergénica es específica porque contiene el alergeno causante de la enfermedad del paciente. Los alergenos más frecuentes en Galicia son los ácaros domésticos D. pteronyssinus y el pólen de gramíneas.

La vacuna modifica la evolución de la enfermedad alérgica respiratoria hacia la mejoría, mejorando la calidad de vida del paciente, mediante la reducción de síntomas y el consumo de medicamentos. Incluso, en un número muy importante de pacientes consigue la remisión de la enfermedad alérgica respiratoria (desaparición de las molestias).

La vacuna generalmente se indica cuando uno presenta síntomas nasales o bronquiales frecuentes o diarios, a pesar de unas correctas medidas de prevención ambientales.

El primer objetivo de la vacuna alergénica es mejorar a uno de sus molestias. Esto se produce restableciendo la normalidad del sistema inmunológico, induciendo una tolerancia a la sustancia que le causa la enfermedad.

Cuando uno esté en tratamiento con vacunas, debe estar practicamente libre de síntomas, por lo que, es posible que al principio tenga que compatibilizar la vacuna con otras medicinas.

Las vacunas alergénicas más utilizadas suelen ser las inyectables por vía subcutánea. Esto es así, porque son en las que se tiene más experiencia. Su administración debe ser siempre en un Centro Sanitario. El paciente suele empezar la vacuna, subiendo la dosis semanalmente, hasta alcanzar la dosis de mantenimiento. Normalmente, la fase de iniciación suele ser de una administración semanal, durante 2-3 meses. La fase de mantenimiento suele ser de una administración mensual. Actualmente, existen pautas de iniciación más rápidas, inyectandose varias dosis en el mismo día, separadas por media hora. Incluso, con cierto tipo de vacunas llamadas alergoides, en Unidades de Inmunoterapia hospitalarias, se hacen iniciaciones ultrarápidas, consiguiéndose llegar en 1 día, a la dosis de mantenimiento. Estas pautas de vacunación más rápidas pueden hacer que un paciente mejore antes.

Las vacunas alergénicas inyectadas, son muy bien toleradas, por la mayoría de los pacientes, con la única incomodidad que supone pincharse en el brazo. Sin embargo, a no todos los pacientes la vacuna le sienta bien, y de forma excepcional (4 de cada 100 pacientes), puede reproducir los síntomas alérgicos. Por ello, es importante estar libre de síntomas el día de su administración y esperar en el Centro Sanitario, al menos media hora despues de la inyección. Puesto que, si se produce una inesperada reacción adversa, puede tratarse rápidamente. Lo que si es relativamente frecuente, es la inflamación local, que se produce en aproximadamente 1 de cada 10 pacientes. Esta nos obliga, cuando es molesta, a tomar un antihistamínico previamente o a bajar la dosis.

Otros tipos de vacunas alergénicas alternativas y eficaces son las vacunas sublinguales y las tópicas nasales. La vía más usada es la sublingual. Su ventaja es que no hay que pincharse, por lo que, suele recomendarse a personas que tienen miedo a las agujas o niños. Su desventaja es que hay que administrarla un mínimo de 3 veces por semana. Las vacunas sublinguales suelen ser muy bien toleradas, presentándose en ocasiones una intolerancia local, con picor en la boca, o molestias digestivas. Las vacunas tópicas nasales presentan el inconveniente de que no son bien toleradas en la nariz, por algunos pacientes, precisando un pretratamiento con antihistamínicos tópicos nasales.

Una vez que el paciente lleva un tiempo de vacuna, generalmente 4-12 meses, se suele ajustar el resto del tratamiento. Puede ser que ya en esta fase, pasemos a necesitar tratamiento con las otras medicinas de forma ocasional.

La mayoría de los pacientes en tratamiento con vacuna alergénica mejora (alrededor de un 80%). Hay dos tipos de mejoría, unos pueden mejorar ya desde los primeros meses del inicio de la vacuna, y otros tienen una mejoría gradual, de año en año van mejorando, hasta que al cabo de 3-5 años, estan sin síntomas o con necesidad de otras medicinas de forma intermitente. Por supuesto que, no todo el mundo mejora, por lo que, al menos una vez al año, se debe hacer una valoración de la efectividad de la vacuna, y cambiarla si el paciente no mejorase.

El tiempo medio de tratamiento es alrededor de 5 años. El mínimo son 3 años. Si se interrumpe antes la vacuna, uno puede recaer pronto. Cuando uno ha mejorado, se considera que se puede parar la vacuna, cuando lleve 2 años libre de síntomas o a los 5 años de tratamiento.

Otro de los objetivos de las vacunas alergénicas es, en los pacientes con rinitis, la prevención de la aparición de asma. Se considera que el riesgo de presentar asma, en un paciente con rinitis, es aproximadamente del 20% en los alérgicos a gramíneas y del 40% en los alérgicos a ácaros. Este riesgo baja al 5%, si el paciente se vacuna.

Otro de los beneficios de la vacuna es, que si uno ha mejorado, este beneficio puede perdurar al terminarla, si la vacunación es prolongada (más de 3 años). Pudiendo presistir la mejoría, al menos 5 años en la mayoría de los pacientes (75%). Dependiendo de diversos factores (grado de alergia, medio ambiente, etc), hay pacientes que pueden necesitar revacunarse. En el peor de los casos, si uno volviese a tener de nuevo las molestias, volverá a mejorar al revacunarse.

Por todo ello, te animamos a consultar con tu alergólogo,
la posibilidad de vacunarte, si tu enfermedad lo requiere.

Si tienes alguna pregunta sobre las vacunas,
puedes mandárnosla a:
info@sgaic.org.